B-5

B5 - 1

Autor: Daniel Prieto

Fuente: Websubmarinos

La historia de esta nave comienza el día 13 de enero de 1921, cuando se colocó su quilla en la factoría de la Sociedad Española de Construcción Naval de Cartagena. Ocupó el quinto lugar en una familia de seis, la conocida serie “B”. Fueron estos los primeros submarinos construidos en España para nuestra Armada.

Cuatro años de trabajos concluyen, y el 4 de abril de 1925 el submarino es puesto a flote. Tras las pertinentes pruebas, la nave se incorpora a la Flota, causando alta en la Lista Oficial de Buques de la Armada el 31 de diciembre de 1925.

Los años siguientes, como sus hermanos, los pasaría sirviendo a nuestro país en aquellos tiempos de paz relativa.

La llegada de la Guerra Civil sorprendió al B-5 en su base, allí estaba adscrito junto con su gemelo B-6 y la serie “C” al completo, en la llamada División de Cartagena. El día 18 de julio se ordena zarpar a varios submarinos con la misión de patrullar el mar de Alborán, pero el B-5 permaneció en su base junto al C-2 y C-5. Por aquel entonces comandaba la nave el T.N. don Guillermo Scharfaussen.

El día 20, la base de Cartagena es asaltada y los oficiales apresados, la mayoría serían asesinados el 14 de agosto, acusados de apoyar a los sublevados.

Tres días después, el 23 de julio, el B-5 y el C-2 parten rumbo a Málaga para reunirse con sus compañeros que tenían allí su base de avanzadilla. A su llegada, el comandante y su segundo, T.N. Arbolí, son detenidos y más tarde fusilados.

En este nuevo destino se hace cargo de la nave el C.C. don Carlos Barreda Terry, quien fue obligado a aceptarlo, y quedó supeditado al control del comité político impuesto por el Gobierno Republicano.

El comandante estuvo vigilado por la tripulación y por el comité, con el que tuvo no pocos problemas. De marcados ideales monárquicos había comentado en varias ocasiones que de no poder pasarse de bando, se limitaría a no atacar objetivos nacionales, y que si esto no fuera posible, procedería al sabotaje del buque. El jefe de la Flotilla, en Málaga, T.N. don Remigio Verdia recibió quejas del comité político respecto al comandante Barreda, afirmando que no se ocupaba de sus obligaciones.

En la penúltima salida del B-5, se produjo un incidente que vino a confirmar las intenciones del comandante, (o al menos eso opinaba el comité), estos afirmaban que el comandante había intentado auto hundir la nave, dejando el timbre de inmersión en el puente, de manera que el cable que lo comunicaba con la cámara de mando impedía que la escotilla se cerrara. Al hacer inmersión, entró mucho agua, teniendo que salir soplando los lastres y salvando la nave de milagro. Aunque se le dijo a la tripulación que el incidente se debió a un descuido, y Barreda continuó al mando, el jefe de la Flotilla no pensaba lo mismo. Con esta difícil situación a bordo, zarpó para la que sería su última patrulla.

El día 12 de octubre, un hidroavión nacional descubre un submarino en superficie y procede a atacarlo, el submarino hace inmersión rápidamente y el avión lanza sus bombas y cargas de profundidad sobre la zona del objetivo. El lugar aguas de Estepona (Málaga). Los pilotos del hidro no pueden ver los resultados de su ataque y este no es comunicado por el Estado Mayor hasta el 10 de noviembre.

Parece claro que se trataba del B-5, pues bien pudiera estar en esa zona y no se volvió a saber de él. Así, casi todas las fuentes documentales que hemos consultado coinciden en que el submarino atacado fue efectivamente el B-5. Lo que no parece muy probable, es que este se hundiera como consecuencia de las bombas del hidro. Algunas hipótesis apuntan a que el comandante aprovechó la ocasión del avistamiento del aparato enemigo, para ordenar una inmersión profunda que no pudo ser controlada y el submarino naufragó. También un fallo mecánico pudo ser la causa, pues el submarino hacía agua a 15 metros por averías, según se recoge en el informe de unas pruebas realizada días antes de su salida. Esto, hacía que su cota de seguridad fuera muy reducida. De lo que no hay duda es de la desaparición de sus 37 tripulantes y de las consecuencias que esto tuvo en el resto de la flota submarina.

No es esta la historia de un submarino famoso por sus hundimientos, ni su comandante se destacó como un As de los submarinos, aquí no encontraremos las historias de la I y II guerras mundiales de las que casi siempre leeremos sobre sus hazañas. Es más, no hemos encontrado ninguna referencia que indique que esta nave participase en ningún ataque al enemigo.

Nadie puede contarnos lo que allí sucedió, pero no es difícil imaginar que las tensiones entre comité y comandante, por el hecho de que este fuese de ideología diametralmente opuesta, suponen en un submarino un peligro mayor que en cualquier otra nave. Y todo dentro de una guerra civil en la que se enfrentan hermanos contra hermanos.

Quedan en el aire muchas incógnitas: ¿Fue auto hundido por su comandante?, y si así sucedió, ¿fue para este, su ideología, suficiente motivo para asesinar a toda la dotación? Por el contrario ¿fue el avión quién acabó con sus vidas? o ¿se trató simplemente de un accidente?. Estas incógnitas no tienen respuesta, y quizá no la tengan jamás, pero nos hacen reflexionar. 

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